Ayer, sin embargo, supe que yo estoy muerto para ella.
Quiero creer que lo dijo sin saber lo que decía, llevada por alguna emoción que sinceramente no me importa ni debe importarme puesto que todo se quedó atrás y no hay nada nuevo, ni bueno, que pueda surgir de aquello. Y a pesar de todo, ¿podría ser posible?
Yo estoy muerto para ella. Bien. Las cosas son así.
Ahora yo tengo mi presente, que es mío. Ahora, sé lo que quiero. Ahora, elijo no olvidar mi pasado ni borrarlo de mi memoria. Quizás para ella es mejor que yo esté muerto, si eso hace que se sienta bien. Pero yo, yo no pienso olvidar, aunque me duela. Y no pienso hacerlo porque formó parte de mi vida. De una parte de mi vida importante, interesante y, en definitiva, forma parte de mi y de lo que soy.
No cambiaría nada por mucho sufrimiento que haya pasado (aunque he de reconocer que rezo por no volver a pasar nada de lo que he pasado hasta ahora). Y puedo decir que he aprendido.
Es curioso. Hay una imagen que está acorde con la sensación que describí en mi anterior post de cómo quiero vivir mi vida ahora. Cuando la veo, me transmite ésta emoción y alguna vez he pensado en ponerla para expresar (y si es posible, transmitir) ese sentimiento. Sin embargo, pertenece a ese pasado que hace, en alguna esquinita del corazón, ese daño...
Pero bueno. Supongo que es el sabor agridulce de la vida.

Al menos ahora elijo vivir doucement. Buscando esa paz.
No hay comentarios:
Publicar un comentario